Los tatuajes, el lenguaje corporal de los polinesios – Historia National Geographic


Barco Romano Alicia Tesoro Vikingo Manuscrito Glaciar Stephen Hawking 3I/Atlas Apellidos
ACTUALIDAD CIENCIA NATURALEZA TESTS EDICIÓN IMPRESA
ESCAPADAS GRANDES VIAJES VIVIR VIAJANDO SELECCIÓN DE PLAYASTURISMO SOSTENIBLE MAPAS Y VIAJES MULTIMEDIA HOTELES Y ALOJAMIENTOS ESPAÑA PAÍSES
Podcast
Un jefe maorí de Nueva Zelanda.
Curiosidades de la historia: episodio 163
Actualizado a · Lectura:
Un jefe maorí de Nueva Zelanda.

Puedes escuchar todos los capítulos del programa «Curiosidades de la historia» en tu plataforma favorita de podcast aquí:
Spotify | Ivoox | Apple Podcast | Google Podcast
Oferta especial: Suscríbete por solo 1,5€ al mes a la revista Historia National Geographic. -64% de descuento. ¡Y recibe un regalo GRATIS!
¡Novedad! Consigue la nueva edición especial de Historia NG: Grandes Episodios de la Edad Media.
En julio de 1595, el navegante español Álvaro de Mendaña descubrió, en medio del océano Pacífico, la pequeña isla de Fatu Hiva. La llamó Magdalena y bautizó el archipiélago al que pertenecía como las islas Marquesas de Mendoza, en honor al virrey del Perú que había organizado la expedición. Pedro Fernández de Quirós, el capitán de la embarcación principal, escribió en su cuaderno de bitácora que los guerreros locales «vinieron todos desnudos, sin parte cubierta alguna, los cuerpos y rostros todos muy labrados con un color azul y dibujados algunos pescados y otras labores». Sin saberlo, acababa de realizar la primera descripción de un tatuaje polinésico de la que se tiene noticia en el mundo occidental. 
El tatuaje, o el arte de decorar la piel con diseños permanentes de tinta incorporada en la dermis a base de agujas y herramientas, surgió durante el Neolítico en varios lugares del mundo. Ötzi, la momia de más de 5.000 años de antigüedad encontrada en 1991 en un glaciar de los Alpes austríacos, tenía 61 tatuajes por todo su cuerpo, y se han encontrado también tatuajes en momias de Groenlandia, Alaska, Siberia, Mongolia, China, Egipto, Sudán, los Andes o Filipinas… Pero en ningún lugar del mundo esta práctica estuvo tan generalizada como en la Polinesia. 
El término mismo de «tatuaje» deriva de la palabra tahitiana tatau, que significa marcar o golpear y que fue incorporada al inglés por los primeros marineros que llegaron a Tahití en el siglo XVIII. De ahí también vino la expansión del tatuaje entre la marinería. Las herramientas de tatuaje más antiguas de la región polinésica se hallaron en un yacimiento de Tonga, una de las zonas desde las que partió la emigración que fue colonizando poco a poco los archipiélagos contenidos en un vasto triángulo con vértices en Nueva Zelanda, la isla de Pascua y Hawái. 
El término tatuaje deriva de la palabra tahitiana tatau, que significa marcar o golpear
Esas primeras herramientas, de más de 2.700 años, se mantuvieron sin cambios hasta la llegada de la modernidad. La principal era una especie de peine sujeto a un mango, cuyas puntas se sumergían en tinta y a continuación se aplicaban a la dermis del receptor. 
Aunque la técnica base no cambió, sí evolucionaron los diseños de los tatuajes. A medida que los polinesios fueron colonizando los archipiélagos del Pacífico, los patrones, símbolos, ceremonias e incluso las leyendas asociados al tatuaje fueron modificándose hasta alcanzar una extraordinaria variabilidad.  
Según la mitología polinesia, el arte del tatuaje fue un regalo de los dioses. En todas las islas polinésicas el tatuaje se realizaba como un ritual de paso a la edad adulta, en el que el receptor necesitaba coraje y fuerza para resistir el dolor. Su ejecución estaba a cargo de sacerdotes expertos, llamados de forma similar en los diferentes archipiélagos; en Tonga se denominaban tufuga ta tatau, mientras que en las Marquesas eran los tuhuna patu tiki.
 

Modelo de moko (tatuaje facial) de Tuhawaika, jefe de los Kai Tahu, Otago, utilizado como firma, en lugar de su letra manuscrita.
La operación solía realizarse en cabañas dedicadas a esta función. Mientras aplicaba el tatuaje, el sacerdote entonaba cánticos y rezos que se creía que quedaban fijados al dibujo, dando al portador la protección continua de la plegaria. Un cántico de Samoa, por ejemplo, recordaba al iniciado que «un collar se rompe, una cuerda se corta, pero un tatuaje nunca se fragmenta y te acompaña hasta en tu tumba». 
Más allá de variaciones entre archipiélagos, los diseños solían ser representaciones geométricas y estilizadas de elementos de la vida diaria que se usaban también para la decoración artística de telas vegetales, vasijas u otros objetos. Los motivos más frecuentes de los tatuajes eran pájaros, redes de pesca, dientes de tiburón, montañas, armas y dioses.
Tanto hombres como mujeres podían tatuarse. En Samoa, por ejemplo, los hombres se siguen tatuando desde el ombligo hacia abajo (cintura, nalgas y muslos) conformando el pe’a, el tatuaje tradicional que los primeros europeos confundieron con pantalones o medias. A los que no se tatúan les llaman telefua, «desnudos». En Tonga, todos los hombres tenían tatuajes excepto el tu’i tonga, el jefe de más importancia: esa carencia indicaba justamente su elevado rango social. El tatuaje también podía mostrar algunos sucesos importantes en la vida del portador. Algunas mujeres se tatuaban marcas alrededor de la comisura de los labios para indicar los hijos que habían tenido, mientras que en Hawái podían tatuarse la lengua (un proceso muy doloroso) como parte del duelo tras la muerte de su esposo.  
En algunas áreas de la Polinesia, el tatuaje también servía como identificación del clan al que pertenecía el portador, la isla o región donde vivía, su ancestro o incluso a qué dios principal adoraba. En algunas islas incluso permitía conocer la historia específica de la persona tatuada. 
Este último era el caso de Nueva Zelanda, donde el tatuaje llegó a su máximo desarrollo. En 1769, el capitán James Cook, en medio de su primera vuelta al mundo, llegó a ese archipiélago después de visitar Tahití, a casi 4.000 kilómetros de distancia. Enseguida se dio cuenta de que los maoríes, los indígenas neozelandeses, compartían con los de Tahití una cultura y una lengua similares, pues ambos pueblos eran polinesios. 
Sin embargo, algo los distinguía de sus primos tahitianos: los tatuajes faciales. En su diario, Cook escribió que «los cuerpos de los dos sexos están marcados con dibujos de tinta negra llamados ta moko, con el mismo método que se usa en Tahití, llamado tatuaje; pero los hombres están más marcados y las mujeres, menos».
Lo que sorprendió a Cook fue que, entre los maoríes, los tatuajes se concentraban en la cara tanto de los hombres como de las mujeres, y presentaban tal variedad que «de cien que a primera vista parecían iguales, no había dos que fueran similares una vez examinados a fondo». En el caso del ta moko maorí tradicional, además, la tinta no se introducía con una aguja, sino que el tohunga ta moko utilizaba un pequeño cincel llamado uhi para excavar un surco en la piel. 
Con la llegada de los misioneros cristianos a las islas del Pacífico desde principios del siglo XIX, la práctica del tatuaje quedó prohibida o relegada al olvido durante casi 150 años, y se hubiera perdido de no ser por quienes la mantuvieron a escondidas o por los registros gráficos que realizaron los artistas europeos que viajaron en las primeras expediciones a la Polinesia desde finales del siglo XVIII, como John Webber (del viaje de Cook), Louis Choris (de la expedición de Kotzebue) y Jacques Arago (de la de Freycinet). 
Así, cuando en la década de 1970 la cultura polinésica tuvo un resurgimiento fundamentado en la recuperación de sus costumbres ancestrales, el tatuaje pudo recobrar su esplendor. Actualmente, esta práctica no solo se ha consolidado, sino que ha superado las fronteras naturales de las islas con la popularización mundial del tatuaje. 
El principal útilpara tatuar era el ‘au. Se componía de un mango de madera al que se fijaba, mediante una cuerda, una especie de peine de puntas o agujas talladas en hueso, concha o caparazón de tortuga. Las puntas se sumergían en una tinta hecha con humo de semilla y aceite, y se aplicaba a la piel mediante golpes rítmicos dados al mango con otro palo.
El tatuaje estaba casi totalmente generalizado entre los maoríes, y solo los individuos del estrato social más bajo carecían de ellos. Por lo general, las mujeres se tatuaban únicamente los labios y la barbilla, pero en los hombres el ta moko podía abarcar frente, nariz, pómulos, mejillas y barbilla. Lejos de ser meramente decorativos, los diseños de los tatuajes mostraban información sobre la ascendencia, descendencia y hazañas del hombre que los lucía. Además, denotaban su rango social: cuanto más decorada estuviera la cara, más importancia tenía el individuo dentro de la comunidad.
Recomendamos
Historia
A principios del siglo XIX, en Inglaterra hubo bandas que se dedicaban a desenterrar cuerpos de personas recién fallecidas que luego vendían a cirujanos para hacer disecciones.

Podcast
Historia
El cuento de Perrault evoca la vida en el campo francés a finales del siglo XVII, cuando los lobos eran una amenaza.

Podcast
Historia
A la vez que empleaban amuletos para defenderse de las desgracias y del mal de ojo, los romanos creían que se podía invocar a los dioses infernales contra sus enemigos y rivales mediante hechizos y fórmulas mágicas.

Podcast
Lo más visto
Tiene 3.000 años

Descubierto en 2019

Apellidos de España

Apúntate a los newsletter que más te interesen y recibe gratis los mejores reportajes, fotografías, y noticias cada semana en tu email.
OFERTA ESPECIAL OTOÑO
Alimenta tu curiosidad por solo 1,5€/mes
Explora nuevos destinos por solo 1,5€/mes
Da un paso más en historia por solo 1,5€/mes
Síguenos
Facebook
Twitter
Instagram
Youtube
Tiktok
Pinterest
TU REVISTA POR 1,5€/MES ¡OFERTA LIMITADA!
National Geographic
Viajes National Geographic
Historia National Geographic
Y disfruta cada mes de un espectacular número cada mes en web y app
SUSCRÍBETE
Pago único de 18€
Redacción Historia NG
1,5€/mes
SUSCRÍBETE
Pago único de 18€
Redacción Historia NG
1,5€/mes
SUSCRÍBETE
Pago único de 18€
Redacción Historia NG
1,5€/mes
SUSCRÍBETE AL -64% DTO.
REGALA LA REVISTA

source

Share the Post:

Related Posts