Tatuajes hiperrealistas cierran heridas que deja el cáncer de mama en el cuerpo de las pacientes – Milenio


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Cuando una mujer sobrevive al cáncer de mama, el espejo puede convertirse en un territorio doloroso.
Las cicatrices que deja una mastectomía radical son un recordatorio visible de la batalla librada, del cuerpo que resistió y también del vacío que deja la extirpación del seno.
Aunque la cirugía reconstructiva permite recuperar la forma y la apariencia general del pecho, no todas las mujeres logran restablecer los rasgos naturales de sus areolas y pezones, lo que para muchas representa la pérdida de un símbolo íntimo de identidad y feminidad.
Su estudio se ha convertido en un refugio para mujeres que buscan cerrar un ciclo emocional. 
Jiménez utiliza la técnica del realismo e hiperrealismo para recrear la apariencia natural de las areolas y los pezones.
Su labor es lograr que visualmente parezca natural y recupere la armonía del cuerpo.
El proceso comienza con la elaboración de una plantilla que permite igualar el tamaño y la posición de las areolas. Si la mujer conserva una de ellas, esa parte se usa como modelo en espejo para reproducir la otra con la mayor simetría posible. 
Después de colocar la plantilla y revisar que las proporciones sean equilibradas, se pasa a la fase de pigmentación, donde se mezclan tintas especialmente formuladas para la piel humana.
No existe una gama estándar, dijo, ya que los tonos naturales varían de una persona a otra, por ejemplo, algunas tienen pigmentaciones rosadas, otras rojizas o cafés oscuros.


Por eso, el tatuador combina entre tres y cuatro colores para lograr el tono más cercano al original.
Existen dos modalidades principales dentro de esta técnica. La primera es el tatuaje tridimensional o 3D, que se aplica cuando la paciente no cuenta con pezón físico y se busca crear la ilusión óptica de volumen mediante sombras y degradados hiperrealistas.
La segunda es el tatuaje bidimensional o 2D, indicado para quienes ya se sometieron a una reconstrucción quirúrgica del pezón, donde el trabajo se centra en igualar el tono y la textura de la piel.
Una vez realizado el tatuaje, la paciente debe mantener el área limpia e hidratada con una crema especial que acelera la regeneración de la piel y favorece la fijación del pigmento. En la mayoría de los casos, una sola sesión basta, aunque en algunos se requiere un pequeño retoque. El resultado final suele ser permanente y natural. 
Está técnica permite visualmente dotar de volumen, textura y color.
En México, cada año se diagnostican alrededor de 23 mil 790 nuevos casos de cáncer de mama entre personas mayores de 20 años, con una tasa nacional de 27.64 casos por cada 100 mil habitantes.
En 2023, 8 mil 034 mujeres fallecieron a causa de esta enfermedad, mientras solo una parte logra completar los tratamientos y alcanzar la ansiada remisión.
Sin embargo, existe un grupo de sobrevivientes que, aun después del tratamiento, la mastectomía y la reconstrucción mamaria, sienten que su proceso no ha terminado. Para ellas, sanar implica volver a mirarse al espejo y reconocerse completas, con areolas y pezones nuevamente dibujados sobre la piel.
En ese momento, el tatuaje reconstructivo deja de ser una cuestión estética y se convierte en un acto de reconciliación, una manera de recuperar el sentido de pertenencia al propio cuerpo y cerrar, por fin, la historia que la enfermedad había interrumpido.
El procedimiento, dijo, tarda alrededor de una hora por seno y se realiza solo cuando la paciente ha sido dada de alta por su oncólogo.
El costo promedio es de 10 mil pesos por areola, subrayó Jiménez tras asegurar que este tipo de procedimiento debería ser parte del tratamiento integral. 
En su experiencia, la mayoría de las pacientes tienen entre 40 y 50 años, aunque también ha atendido a mujeres más jóvenes que enfrentaron diagnósticos agresivos. 
Jiménez calculó que ha realizado más de 120 tatuajes reconstructivos en los últimos ocho años. 
​Un país con cifras que duelen 
El cáncer de mama continúa siendo un reto sanitario en México. La tasa de mortalidad femenina fue de 17.9 por cada 100 mil mujeres de 20 años y más. Los estados con mayores tasas fueron Sonora (27.5), Chihuahua (25.2), Coahuila (24.0) y Nuevo León (23.9), mientras que Campeche (9.9) y Guerrero (11.0) presentaron las más bajas.
El grupo más afectado fue el de 60 a 74 años, con 2 mil 598 defunciones, seguido por las de 40 a 49 años, con 1 mil 956, y las de 75 a 84 años, con 1 mil 002. En total, el cáncer de mama representó 9 por ciento de las muertes por tumores malignos en la población adulta mexicana, que sumaron 89 mil 633 casos durante 2023.
La Organización Mundial de la Salud estima que México registra cada año más de 23 mil nuevos casos, con una tendencia al alza que podría ya superar los 30 mil diagnósticos anuales.


Además, la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento (ENASEM 2021) reveló que 176 mil 672 mujeres de 50 años y más dijeron haber tenido cáncer de mama, cifra que representa 42.8 por ciento del total de mujeres que reportaron algún tipo de cáncer en su vida.
En materia de prevención, el mismo estudio mostró que 65 por ciento de las mujeres de 50 a 59 años se realiza la autoexploración mamaria, mientras que entre las mayores de 84 años la cifra cae a 18.6 por ciento. En cuanto a mamografías, 51.5 por ciento de las mujeres de 50 a 59 años se la ha practicado, frente a 12.6 por ciento de las de mayor edad.
Jiménez sostuvo que el tatuaje estético reconstructivo es una herramienta terapéutica. 
El artista relató que cada sesión tiene una carga emocional muy fuerte. 
El experto señaló que el cambio más profundo ocurre en la mente.
HCM

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