
PERIODISMO DE ENTRETENIMIENTO
Samuel Delgado nació en Caracas, Venezuela. En el 2013 descubrió que aquello que te tanto amaba, dibujar, podía contar una historia en la piel de alguien, y su mejor amigo de ese momento, Gerardo Rojas, fue su primer ‘lienzo’ humano. “Le hice la silueta del Ávila, esa montaña tan emblemática de Caracas, alrededor de la mano”, recuerda.
Más de dos mil tatuajes, dos décadas de éxito de aquel día, y ya instalado en Miami, Samuel se ha convertido en el tatuador latino favorito de Estados Unidos, incluso de muchos famosos y deportistas. Las Top News habló con él sobre las historias profundas detrás de cada dibujo, las de risa y las insólitas porque para él: “Un tatuaje puede significar muchísimo más que una imagen bonita”.
-Comenzaste en Caracas, en 2013, y hoy tienes ocho premios, cuatro primeros lugares y hasta te convocan para ser juez de otros tatuadores. ¿En qué momento descubriste que tenías un talento especial y que podías convertirlo en una carrera?
Samuel Delgado: Desde chamo siempre me gustó dibujar. Hacía grafitis en paredes, incluso en espacios legales, y experimentaba con distintas herramientas. En Caracas estudiaba diseño gráfico y administración, y fue conversando con un amigo que entré en el mundo del tatuaje. Empecé a practicar y me gustó muchísimo. Pero fue al llegar a Estados Unidos cuando entendí que podía convertirlo en mi carrera. Descubrí que dibujar en la piel todos los días no se sentía como un trabajo, sino como algo que me llenaba. Cada persona y cada diseño representan un reto diferente. Eso me motivó a dedicarme de lleno a esta profesión.
-¿Y quién fue la primera persona que confió tanto en ti como para dejarte marcar su piel?
Samuel Delgado: Fue mi gran amigo Gerardo Rojas, que ahora vive en España. Yo llevaba apenas unos meses tatuando en Venezuela. Le hice la silueta del Ávila, esa montaña tan emblemática de Caracas, alrededor de la mano. Incluso conservo una foto de cómo se ve ese tatuaje hoy. Recuerdo que tenía mucho miedo: puedes saber dibujar en papel o en una pared, pero marcar la piel de alguien es otra responsabilidad. Esa confianza que él depositó en mí fue muy importante.
-Has tatuado a más de 2 mil personas de distintos países, y hoy tu trabajo recibe reconocimientos importantes. ¿Cuál fue el momento más difícil de tu carrera, ese en el que quizás pensaste que no lo ibas a lograr?
Samuel Delgado: Cuando llegué a Estados Unidos, aunque ya había empezado en Venezuela, aquí era comenzar de cero. Nadie me conocía, no tenía clientela y pasaban semanas sin poder tatuar. A veces trabajaba en circunstancias que no eran las ideales, solo tratando de abrirme camino. Siempre he sido mi crítico más exigente: si algo no queda como lo imaginé, me cuestiono qué pude mejorar. Y al comienzo también estaba ese miedo a equivocarme trabajando sobre la piel. Me preguntaba si realmente servía para esto. El apoyo de mi esposa fue fundamental. Juntos visitamos muchos estudios de tatuaje; ella me acompañaba y a veces me decía que determinado lugar no era para mí. Hasta que encontramos uno en el que terminé trabajando cinco años. A partir de ahí las cosas comenzaron a fluir. Ese miedo terminó convirtiéndose en impulso para practicar, mejorar y seguir adelante. Hoy, gracias a Dios, puedo vivir de algo que me apasiona.
-¿Cuándo fue ese momento de ‘click’ donde ya no eras tú quien buscaba clientes, sino que eran ellos quienes te buscaban a ti, como pasa hoy?
Samuel Delgado: Creo que ese cambio se dio alrededor de la pandemia y, sobre todo, después. Fue un período duro: un día llegaron las autoridades al estudio y tuvimos que cerrar porque no estaba permitido trabajar. Durante esa etapa encontré un espacio privado para tatuar. Después, en el estudio Ink For the Soul, empezó a llegar mucha gente. Veían mi trabajo, se tatuaban conmigo y luego me recomendaban. El boca a boca fue clave: pasé de buscar clientes a recibir personas que ya venían por mi trabajo. Ese crecimiento me permitió dejar otros empleos que hacía para sostenerme, como handyman y valet parking, y dedicarme mucho más al tatuaje.
-¿A qué figuras conocidas has tenido la oportunidad de tatuar? ¿Quién te sorprendió más y qué fue lo que te pidió?
Samuel Delgado: He tenido la oportunidad de tatuar a influencers conocidos en Miami, como Laura León, Tarzán, Beta Mejía y Richard Encanto, además de algunos atletas vinculados al fútbol americano. Pero la mayoría de mis clientes son personas comunes, y eso no hace sus historias menos importantes. Muchas de las ideas que me han pedido estas personas conocidas tienen que ver con recuerdos, experiencias y momentos personales. Para mí lo importante no es su fama, sino la confianza que depositan en mi trabajo.
-¿Los famosos son más exigentes, más miedosos o más caprichosos que los demás clientes?
Samuel Delgado: No lo he sentido así. Ser una persona influyente no determina tu personalidad. Con quienes he trabajado siempre ha habido respeto y confianza en mi criterio. Yo procuro ofrecer la misma atención y calidad a todos. Un mal tatuaje o una mala experiencia puede hacer que cualquiera hable mal de ti; con una persona muy conocida, ese comentario puede llegar a más gente. Pero eso no significa que haya que tratar mejor a alguien por ser famoso. Todos merecen el mismo compromiso y responsabilidad.
-Imagino que después de más de 2 mil tatuajes debes tener historias maravillosas, algunas divertidas y otras profundamente emotivas. Quiero que me cuentes dos: ¿cuál es el tatuaje del que te sientes más orgulloso, ese que mirarías mil veces porque sabes que es una obra de arte?, ¿Y cuál fue el más difícil, no solamente por su técnica, sino por la historia que había detrás?
Samuel Delgado: Mi favorito es una máscara Hannya de estilo neo-japonés, en verdes y azules, que le hice a mi amigo Luis Sandoval, conocido en Instagram como @pequeñodemonio. Es una pieza que para mí reúne todo lo que quiero transmitir: líneas sólidas, saturación, sombras, composición y una identidad visual fuerte. La he utilizado en tarjetas de presentación y pósteres porque siento que representa mi trabajo. Luis también es uno de los lienzos que llevo a convenciones. Cuida muy bien su piel y sus tatuajes, y esa pieza, después de unos tres o cuatro años, sigue cicatrizada en excelentes condiciones. Todos mis tatuajes son importantes, pero ese tiene un lugar especial.
Recuerdo a una señora que llegó al estudio Ink of the Soul con su pareja y su hijo. Quería una mariposa azul que al volar dejara la forma de dos letras S. Me contó que había perdido a un hijo llamado Samuel, como yo. Cuando me presenté y le dije “Mi nombre es Samuel Delgado”, se sorprendió muchísimo. Para ella, que alguien con ese mismo nombre realizara el tatuaje le dio un significado todavía más profundo. Al terminar, se miró en el espejo y comenzó a llorar. No fue difícil por la técnica, sino por el peso emocional de la historia y la responsabilidad de plasmar algo tan íntimo. Ese momento me recordó que un tatuaje puede significar muchísimo más que una imagen bonita.
-También te especializas en transformar tatuajes que las personas ya no quieren tener. ¿Cuál ha sido la historia más increíble que te encontraste al cubrir un tatuaje?
Samuel Delgado: He hecho muchos cover-ups y cada uno tiene su historia. Una razón muy común son decisiones del pasado: nombres de parejas, símbolos de relaciones o tatuajes que uno se hizo de joven por impulso, por rebeldía o simplemente por tatuarse. Con los años cambian nuestras prioridades y nuestra manera de ver esas imágenes. Siento que hoy mucha gente se tatúa con más facilidad y, a veces, sin pensar tanto en el largo plazo. Por eso llegan personas que quieren cubrir o transformar algo que ya no las representa. Más que una sola historia, lo que me impacta es poder ayudarles a darle otro significado a esa parte de su piel.
-Tu trabajo requiere creatividad, precisión y mucha paciencia, pero también imagino que hay clientes que llegan con ideas completamente disparatadas. ¿Qué es lo más extraño, extravagante o inesperado que te han pedido tatuar?
Samuel Delgado: Una vez llegó una pareja con una idea bastante particular. Ella quería tatuarse “Property of Daniel Robinson” en la parte baja de la espalda, y él supuestamente se tatuaría lo mismo con el nombre de ella en la pelvis. Además, querían letras enormes y gruesas, como las de las camisetas de fútbol americano. Lo curioso era que él insistía en que ella se tatuara primero, pero cuando llegaba su turno empezaba a poner excusas. Mencionó que tomaba anticoagulantes y preguntó si eso podía afectarle. Al ver la situación, le recomendé a ella esperar: que él consultara primero con su médico y, si recibía autorización, regresaran ambos. Me pareció una petición extravagante tanto por el mensaje como por las zonas y el tamaño de las letras. Es una historia que cuento a menudo.
-Hay miles de tatuadores y las redes sociales están llenas de trabajos espectaculares. Pero tú has ganado premios en estilos muy específicos, como el tradicional americano, y ahora incluso eres quien evalúa el talento de otros. ¿Qué tiene que tener un tatuador para convertirse en un verdadero artista?
Samuel Delgado: Hay artistas increíbles por todo el mundo y las redes sociales están llenas de trabajos espectaculares. Para mí, eso no es algo negativo: me motiva a seguir mejorando. Creo que lo principal es disfrutar de verdad lo que haces y definir hacia dónde quieres llevar tu trabajo. Yo puedo trabajar diferentes estilos, como realismo, cover-ups, tradicional americano, neo-tradicional y japonés, pero hay algunos que disfruto especialmente. Especializarte y desarrollar una línea propia te ayuda a construir una identidad que la gente reconoce. Me ha pasado que dos clientes que ni se conocían identificaron mis tatuajes al encontrarse. Eso es muy especial. Cuando amas lo que haces y trabajas con intención, con el tiempo tu estilo comienza a hablar por ti.
-Cuando tú ya no estés, tus tatuajes seguirán contando historias en la piel de quienes confiaron en ti. ¿Qué te hace sentir eso?
Samuel Delgado: Es increíble pensar que una persona llevará mi trabajo toda su vida y que, cuando alguien le pregunte por su tatuaje, pueda decir: “Me lo hizo un gran amigo, Samuel Delgado”. Con los años me he involucrado cada vez más con mis clientes. Pasamos horas conversando, compartiendo conocimientos, emociones, experiencias y momentos de la vida. Muchas veces se forma una amistad. A veces bromeo y les digo que después de tatuarse conmigo ya no se pueden tatuar con nadie más. Lo digo porque busco crear esa confianza, esa experiencia completa que va más allá del dibujo. No pretendo decir que todos han quedado satisfechos al cien por ciento, pero la enorme mayoría sale contenta y me recomienda. Saber que mi trabajo y esas experiencias pueden permanecer en su memoria es algo muy valioso.
-Quiero que seas absolutamente sincero: cuando ves a alguien con un tatuaje espantoso, ¿puedes evitar mirarlo? ¿O por dentro estás pensando: “Dios mío, quién le hizo eso”?
Samuel Delgado: ¡Claro que lo pienso! A veces me sorprende que alguien haya elegido ese diseño o no haya investigado mejor al artista. Siempre digo que no tienen que tatuarse conmigo, pero sí deben buscar bien: revisar el portafolio y entender en qué se especializa cada tatuador. Si alguien me pide un retrato a color de su hija, por ejemplo, prefiero reconocer que otro artista especializado en eso puede lograr un mejor resultado. Incluso en el tradicional americano, que es uno de mis estilos favoritos, a veces veo piezas que me hacen preguntarme qué pasó. Y como también hago cover-ups, enseguida empiezo a pensar cómo podría mejorarlas, transformarlas o cubrirlas.
Cortesía: Samuel Delgado
Cortesía: Samuel Delgado
Cortesía: Samuel Delgado
Cortesía: Samuel Delgado
Cortesía: Samuel Delgado
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Qué dice la psicología sobre las personas con muchos tatuajes – Contexto Tucumán
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