
Redacción. Un caso de violencia extrema salió a la luz en Países Bajos, donde una mujer denunció que su expareja la sometió durante años a tatuajes forzados hasta cubrir gran parte de su cuerpo con marcas de control.
El hombre, de nacionalidad holandesa, adquirió una máquina de tatuar de bajo costo a través de internet y la utilizó para grabar en la piel de la víctima más de 250 tatuajes. Según una organización que impulsa una campaña para ayudarla, el agresor llegó a cubrir cerca del 90% de su cuerpo con inscripciones, muchas de ellas con su nombre o iniciales, como una forma de dominio.
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El grupo informó que el agresor grabó en la piel de la víctima frases que la señalaban como su «propiedad» e incluso tatuó zonas íntimas. Muchos de los tatuajes estaban en «lugares que él creía que habían sido tocados por otros hombres, como sus pechos y nalgas», explicó Andy Han, de la organización holandesa Spijt van Tattoo, según informó New York Times. “Era una señal de control y posesión”, dijo, según el NL Times.
La víctima, identificada como Joke, apareció en imágenes difundidas por la campaña con el rostro casi completamente cubierto de tinta oscura. En su cara y cuello se podía leer el nombre «Hans», lo que evidenciaba el nivel de intervención al que fue sometida.
Sin embargo, fotografías más recientes muestran un cambio significativo tras el inicio de un proceso de eliminación de tatuajes. En ellas, su rostro luce parcialmente limpio luego de varias sesiones de tratamiento. Según los organizadores, «se le hubieran quitado una gran parte de los tatuajes a Joke, especialmente los de la cara».
“Espera estar libre de tatuajes para finales de este año”, informó el grupo, que también advirtió que este caso no es aislado y que otras mujeres han sido marcadas de forma similar por sus agresores.
El testimonio recogido por la organización señala que el exnovio de Joke «comenzó a acosarla, amenazarla e intimidarla» hasta que «ella se insensibilizó con alcohol y drogas, lo que finalmente la dejó incapaz de defenderse», relató el responsable del proyecto.
Pese a que la mujer asegura haber presentado una denuncia ante las autoridades, el caso no ha derivado en arrestos.
“Cualquier persona razonable sabe que nadie se haría tatuajes voluntariamente cerca del ojo, en la nariz o en la oreja”, dijo Han.
“Pero, en definitiva, las autoridades no pudieron seguir adelante con el caso porque era legalmente difícil de probar. Su ex afirmó que ella había dado su consentimiento. Para Joke, eso se siente como una injusticia”, añadió.
Actualmente, Joke continúa con su tratamiento y mantiene la expectativa de eliminar por completo los tatuajes antes de que finalice el año. La campaña que respalda su proceso destinará los fondos restantes a apoyar a otras víctimas de violencia doméstica.
“Alguien que ha sido profundamente herido puede levantarse de nuevo. Si yo puedo hacerlo, alguien más también puede”, dijo Joke.
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