En Japón, tatuar cejas puede ser un acto médico: por qué hacerlo sin licencia puede terminar en arresto – TN


Durante meses, Koki Hatanaka no quiso salir de su casa. Tenía 20 y pico cuando una alopecia repentina lo dejó pelado de golpe y lo hundió en una profunda depresión, según relató este joven japonés de 28 años.
Hoy su cabeza parece lucir un corte al ras. No es pelo: son miles de puntitos de pigmento insertados uno por uno en el cuero cabelludo. “Sin esto, nunca habría tenido el valor de hablar con desconocidos”, confiesa Hatanaka.
La técnica se llama micropigmentación capilar. En buena parte del mundo se la considera un procedimiento cosmético más, como el famoso “maquillaje permanente”. En Japón, en cambio, se convirtió en un dolor de cabeza legal.
Para el Ministerio de Salud japonés, estas prácticas pertenecen al terreno de la medicina. Por eso multiplicó las advertencias, y hasta las amenazas de acciones penales, contra quienes las realizan sin licencia sanitaria.
El argumento oficial gira alrededor de las agujas. Su uso puede “causar daños físicos si el procedimiento se realiza sin la formación médica adecuada”, sostuvo un funcionario de esa cartera que no fue identificado.
Las sanciones no son un chiste. Según el especialista japonés en derecho sanitario Akihiro Saotome, pueden llegar incluso al arresto.
El dato curioso es que en 2020 la Corte Suprema del país determinó que los tatuajes decorativos tradicionales no son un acto médico. Aquel fallo, sin embargo, dejó afuera a la micropigmentación.
Lo que está en juego abarca varios trabajos que en otros países se ofrecen en cualquier centro de estética:
“Para mí es un completo misterio que sigan afirmando que se trata de un acto médico”, señala Remy, el nombre profesional de un tatuador de 44 años radicado en Okinawa. Según su experiencia, el procedimiento es apenas invasivo y tan indoloro que hay clientes que se duermen en plena sesión.
En el gremio, varios sospechan que detrás de la mano dura hay algo más que bioseguridad. Durante siglos, en Japón los tatuajes sirvieron para marcar a delincuentes y, después, se volvieron una seña de identidad de la yakuza, la mafia local.
Esa mochila sigue pesando. Todavía hoy, las personas tatuadas tienen vedado el acceso a ciertos lugares públicos, como los tradicionales baños termales. El empresario japonés del rubro Yasuaki Sameshima considera que esa mala fama tiñe la mirada sobre la micropigmentación.
Japón es, de hecho, el único país donde el maquillaje permanente hecho por personas sin formación médica puede ser sancionado.
“Les da la sensación de que están haciendo algo malo”. Así describe el efecto sobre los clientes la japonesa Michiko Shinmasu, una peluquera de 50 años que también tatúa cejas.
Pese a todo, muchos siguen trabajando a cara descubierta. En julio, una convención en Okinawa reunió a profesionales de Corea del Sur, Vietnam y Suecia, entre otros países.
“No hago nada de lo que deba avergonzarme”, plantea Tatsuki Miyahira, tatuador japonés de Okinawa que ofrece el servicio sin acreditación médica.
En otras latitudes, el control apunta a otro lado. Desde enero de 2022, la Unión Europea restringe miles de sustancias peligrosas en las tintas para tatuajes y maquillaje permanente, sin exigir un título de médico para aplicarlas.
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Remy propone un punto intermedio. Rechaza que la actividad quede en manos de la medicina, pero reclama un sistema de licencias y capacitación obligatoria, como ocurre en muchos países, para proteger a los clientes y garantizar buenas condiciones de higiene.

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