Artistas de la piel – Diario de Ávila


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Sandra y Javier son abulenses y tatuadores, una profesión que cada vez tiene más demanda porque en los últimos años se ha puesto tan de moda eso de ir tatuado que lo raro ya es no llevar la piel tatuada. Precisamente es ahora en verano cuando, por razones obvias, más se lucen los tatuajes, algunos de los cuales son auténticas obras de arte detrás de las cuales están las manos de quienes, como nuestros dos protagonistas, siempre dibujaron bien y la vida acabó llevándoles a hacerlo sobre el cuerpo humano. Nada más y nada menos.
«No se me había pasado por la cabeza ser tatuadora, pero siempre me gustó el arte y de una u otra forma forma parte de mí», confiesa Sandra García (conocida como @Gardella en el mundo del ‘tattoo’), a la que una amiga abrió la caja de Pandora cuando se compró una máquina de tatuar, la utilizó como conejillo de Indias para probarla y ella no pudo resistirse a utilizarla también. De aquello han pasado seis años, de los que más o menos la mitad lleva trabajando como tatuadora profesional tras haber hecho el preceptivo curso higiénico-sanitario que se exige para ejercer. Hasta el estudio en el que desarrolla su actividad viene gente incluso fuera de Ávila porque tanto ella como Javier visibilizan sus ‘tattos’ a través de sus cuentas en redes sociales (principalmente Instagram) y  esa es la mejor promoción posible de su trabajo. 
Si Javier Velasco (conocido como @Xinas en el mundo del ‘tatto’) estudió Bellas Artes es precisamente porque siempre tuvo esa inquietud artística que, como Sandra, acabó volcando en un lienzo tan impensable como la piel. 
El primer ‘tatto’ ambos se lo hicieron a sí mismos. De hecho raro es el tatuador que no luce tatuajes, entre otras cosas porque es casi obligatorio ponerse en la piel del otro nunca mejor dicho. «Está bien que experimentes primero en tu piel para que te hagas una idea de lo que siente el otro, ya que hay zonas más dolorosas que otras», nos cuentan. «Al final no solo es dejar un sello, una forma de arte, es que es en el cuerpo y duele», destacan.
Ambos coinciden en que cuando alguien decide pasar por un estudio  dejar una huella perenne en forma de tatuaje es bien por razones estéticas sin más, bien porque quieres llevar siempre algo o alguien que de una forma u otra te ha marcado. «Hay un montón de historias: hay gente que se hace un tatuaje para recordarle algo importante que le ha ocurrido o porque ha perdido a alguien y quiere que permanezca siempre en su piel», nos cuentan.
La diversidad de estilos de tatuajes es aumentando tanto, como también lo ha hecho la habilidad de los tatuadores, que es raro no dar con alguna propuesta que no convenza. «Los que vienen al estudio sin saber qué tatuarse acaban encontrando una idea con la que se sienten identificados y los que ya lo tienen claro suelen dejarse aconsejar por nosotros para darle una ‘vuelta’ y normalmente se van más convencidos del resultado si se dejan asesorar», apunta Sandra.
Como ocurre con otras formas de arte, el suyo evoluciona. Ambos practican el llamado estilo conceptual, que combina microrealismo con elementos más simbólicos. «Me identifico más porque puedes contar una historia o una emoción de forma más personalizada, con diferentes elementos, sin necesidad de que a primera vista se entienda», apunta ella. «A mí me gusta mucho el tema boceto, la primera idea de algo, que te incita a buscar cosas más allá de lo que ves», añade Javier.
Ambos acumulan mil anécdotas, alguna inconfesable, incluso. Para ella, el  ‘tattoo’ más largo que ha hecho duró «un día entero con parada para comer», recuerda. «El nivel de detalle que lleve el tatuaje es lo que lleva más tiempo, a veces los pequeñitos se prolongan muchísimas horas», narra Sandra. 
De las manos de Javier ha salido, al menos, un tatuaje de espalda completa que se prolongó durante «varias sesiones de un día entero, es decir, unas ocho horas al día varios días». Aquí la dificultad mayor estribó en que tenía que cubrir un tatuaje con otro, algo que por cierto es cada vez más habitual porque eso de que el ‘tattoo’ sea para siempre ha dejado de ser una realidad. «A veces la gente se hace tatuajes sin pensar y luego se arrepiente, o se hace cosas que estéticamente les  gustó en un momento de su vida y después ya no», apuntan. Para los tatuadores esto constituye todo un reto que, tanto uno como otro, son capaces de sacar adelante con nota. «Incrementa bastante la dificultad porque es hacer arte nuevo bajo la premisa de tapar lo que ya hay sin que se note lo que había debajo», recalca. 

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